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En bici en Lombardía: 5 rutas en familia

1. La Ciclovía del Mincio (Mantua)
Se sale de Desenzano para interceptar la Ciclovía del Mincio, conocida como Peschiera Mantova. Y a los niños hay que contarles que la excursión es un poco especial: aquí se pedalea en una de las primeras ciclovías realizadas en Italia. El “había una vez”, consiste en 43,5 km de carril bici casi exclusiva en su totalidad, a lo largo del Mincio, y ligeramente en bajada. Ningún esfuerzo, salvo el de prever el regreso dando marcha atrás o tomando el tren desde Mantua. Además del río, compañero de viaje del paseo es el paisaje: rural, boscoso y húmedo a tramos, con turberas y manantiales. La llegada Mantua entre los Lagos del Medio, Inferior y Superior, es un abrazo de agua.

 

2. Naviglio Grande (Milán)
La más clásica de las citas es en la iglesia de San Cristóbal en Alzaia Naviglio Grande, en Milán, bien indicada en Google Maps. Para los ciclistas, grandes y pequeños, es la base de la que salir en dirección al Parque Natural Valle del Ticino. Flanqueado por una pista de bicis y peatonal, el Naviglio Grande fue construido para transportar desde el Lago Mayor trigo, madera y mármol para la fábrica de la Catedral. Las callejuelas se quedan “calladas” por el bajo paso de tráfico después de Trezzano, a unos 12 km de la Dársena, girando hacia Cusago y Cisliano. Se vuelve a tomar la ciclovía del Naviglio en el pequeño pueblo antiguo de Robecco, con un bonito embarcadero del siglo XVIII. Los kilómetros son ya 30. Es posible regresar hacia Abbiategrasso, cruzando el pueblo con crecimiento cero de Cassinetta di Lugagnano, y regresar en tren cargando con las bicicletas. 

 

3. Franciacorta (Brescia)
En esta cuenca morrénica que parece un huerto-jardín, un cierto doctor Conforti en el siglo XVI intuyó que podían producirse vinos “mordaces”. Sin duda las burbujas de Franciacorta están hechas adrede para sorprender; aquí se pedalea por carreteras onduladas, terrazas inclinadas, iglesias, viñedos y monasterios. En formato familiar conviene tomar la ciclovía, en parte protegida, que sale de Paratico hacia Brescia. Asfaltada en su totalidad, la pista lleva a Clusane sul Lago para luego introducirse en la Reserva Natural Torbiere del Sebino, extraordinaria acuarela de bosques y espejos de agua cruzada por 2 km de camino de tierra. A los grandes y pequeños les gustará recorrerla en la parte central, sobre pasarelas de madera. En proximidad del área húmeda se encuentra el Monasterio cluniacense de San Pedro en Lamosa. 

 

4. Sendero Valtellina (Sondrio)
Puede parecer paradójico, pero no lo es: se puede pedalear en la montaña con niños, aunque no tengan bicicleta eléctrica. Con puntos de alquiler y áreas de descanso equipadas, parece que el Sendero Valtellina está hecho adrede para unir estos aspectos opuestos: se puede recorrer en bajada y en los tramos centrales en llanura. En su totalidad, la ciclovía recorre a lo largo del Adda, desde Bormio, a 1.225 metros, hasta Villa di Chiavenna, 633 metros, cruzando Tirano, Sondrio, Morbegno, Colico y Chiavenna, en un paisaje de viñedos en terrazas, 114 km en la parte de Valtellina , 42 en Val Chiavenna. El punto de encuentro de los dos recorridos es la Reserva Natural de Pian di Spagna y Lago de Mezzola, estación de parada de las aves migratorias al norte del Lago de Como. El ferrocarril corre paralelo a buena parte del trazado. Se elige una parte del Sendero y se regresa en tren, pero primero hay que probar el bitto, que es su especialidad.

 

5. Naviglio de Bereguardo (Padua)
En verano de 1895 pedaleó en la zona de Pavía un entonces desconocido Albert Einstein, estudiante de visita a su familia. Hecho o leyenda, tiene su encanto contar a los chicos que las aguas del Ticino podrían haber acompañado los pensamientos inquietos del gran genio. De lo que no hay duda es que en su piano se conserva en el Castillo Visconteo, sede de los Museos Cívicos de Pavía. En bicicleta, se sale desde el Puente Cubierto de Pavía hacia Abbiategrasso (40 km en llanura). Entre meandros y llanuras inundables se llega al atractivo Puente de las Barcas de Bereguardo, que cruje bajo las ruedas. Después de un único suave desnivel, en Bereguardo se toma la ciclovía del Naviglio de Bereguardo, de 20 km, que roza cuencas, esclusas y puentes de piedra. Parada obligatoria, antes de la llegada, es la Abadía de Morimondo de 1136.  
 

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Photo: Ciclabile dei laghi – Mantova

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